lunes, 21 de enero de 2013

Los besos del después.


Como casi toda situación existe un antes, un durante y un después.
Lo antes convoca al tacto e inicia el acelerado ritmo de los latidos.
Lo durante no solo evoca a lo maravilloso del amor sino que concreta el acto.
El después se lleva los aplausos y las luces.
Los tres son preámbulo, texto y síntesis.
Los tres son deseo en lo más puro, en lo más instinto, en lo más animal.
Nadie escribió sobre los besos del después, debería hacerlo.
Debería poner pausa eterna en el espacio y tiempo.
Todos los sentidos se hacen uno.
Las miradas corren a una velocidad que se mueven en cámara lenta.
Tus ojos, color miel, hablan.
Nuestros oídos escuchan. Escuchan todo menos palabras, escuchan suspiros, besos, caricias.
El perfume tiene documento, tiene identidad, tiene un camino aleatorio entre varios carriles.
Las manos se mezclan, se mojan, se trenzan, se rozan. Los dedos escriben en nuestros cuerpos canciones.
La boca, acompañada siempre de su amiga lengua, decora con banderines cada rincón, cada pliegue.
Besos, diversidad de besos, diferentes movimientos y formas.
Besos del después, sellando un sobre, consumiendo fuego.
Abriendo cada sentido, expandiendo cada sensación.
Es un estado, una suspensión en el aire, un empujón en la hamaca, una brisa de abril.
Bésame, antes, durante y después, sobre todo después.
Bésame y volemos, corramos.
Caigamos al mar azul, trepemos el árbol violeta y subamos la montaña amarilla.